Esta es la historia de Eduardo Píriz.


Un día, ya no me acuerdo que día, debería ser un lunes o un jueves fuimos Eduardo y yo, Mirtha “esposa” de Eduardo, al consultorio de la hematóloga.

Durante el viaje hablamos poco, mientras esperábamos en el consultorio escuchábamos a unos, mirábamos a otros hasta que nos llaman para pasar. Allí nos atendió la Dra. Después de revisar a Eduardo y leer todo lo que llevábamos nos comenzó a decir en que consistía el tratamiento.

Primero una serie de seis quimios y entre medio diez sesiones de radioterapia. Nos explicó que se debería internar cada 21 días y estar 5 días internado, que se le iba a caer el pelo, sentir nauseas, etc. Salimos mudos, caminamos unas cuadras y de repente Eduardo dijo:

“Yo voy a lucharla, no te voy a dejar sola con los chiquilines”.

Yo creo que este compromiso que hizo con la VIDA fue lo que lo llevo adelante. Superó esta parte de la historia muy dignamente.

Luego pasaron 2 años.

Volvió a su vida normal, trabajó,etc. Insistiendo “Kiev” nuevamente aparece en nuestras vidas.

Hace todo el tratamiento otra vez. Durante este tiempo tuvimos apoyo de todo el mundo: amigos, familiares y vecinos. Los compañeros de trabajo de Eduardo lo apoyaron siempre, no solo económicamente sino con su compañía, a veces aparecían 15 o 20 compañeros con todo para un asado y pasaban el día con él y con nosotros.

Recuerdo también una vecina que es muy católica, que sabiendo que nosotros no lo somos, nos trajo una estampita de San Pancracio bendecida y nos dijo: “yo se que no creen pero yo si, siempre rezo por el vecino y les pido que la lleven con él”. Yo siempre agradecí este gesto porque sabía que nos brindaba todo de su parte.

También otra vecina, que es de otra religión, vino una vez y me preguntó si ella podía contar la historia de Eduardo como testimonio porque ella siempre pedía por Eduardo y por nuestra familia.

Yo a veces quedaba asombrada de tanto cariño.

Nosotros, Eduardo y yo nacimos, crecimos y vivimos en Paso de la Arena. Nuestros hijos también crecieron allí y aun viven en nuestro querido barrio.

Luego pasaron 10 años que Eduardo vivió entre controles y resonancias, continuando su vida vio a su hija menor cumplir sus 15 años, que él lo deseaba y también que Gustavo y Gabriela se casaran. La llegada de nuestra primera nieta Magela.

Y persistente “Kiev” vuelve y es cuando se le plantea hacer el auto transplante de médula. Continuamos con la lucha, y Eduardo estuvo aislado, sobrellevando todo esto con mucha paciencia, dignidad y siempre mirando hacia el futuro; no se quejaba, siempre tratando de pasar lo mejor posible.

Del transplante hace 5 años, todo marcha bien. Se casó nuestra hija menor, nacieron Joaquín, Sabrina y Aylem.

Eduardo se vincula con este grupo cuando Virginia lo llama, esta contento y piensa que puede ayudar.

En este corto tiempo se nos anuncia la llegada de otro nieto.

Así como ustedes verán nos sigue rodeando la vida y seguimos apostando a la vida, al futuro, porque nuestro próximo compromiso es ver juntos los 15 años de nuestra primera nieta Magela.

Porque esto que conté en tan pocas líneas comenzó hace ya 20 años.